Una cara de Canadá que nadie quiere mirar. La de la pobreza y olvido en que viven las mujeres del campo y entre ellas las que vienen como trabajadoras temporales desde países como México.
De eso habló ayer sin tapujos, ante un auditorio en la Organización de Naciones Unidas, la socióloga chilena-canadiense Evelyn Encalada, quien fue especialmente invitada con otras tres de sus colegas vinculadas al programa de investigación 'Mujeres Rurales por el Cambio' – RWMC por sus siglas en inglés-, de la Universida de Guelph.
El trabajo del RWMC, que se dedica a mejorar las vidas de campesinas alrededor del mundo, es financiado por el Consejo de Investigación de las Ciencias Sociales de Canadá.
Como parte de una iniciativa conocida como la Década para la Erradicación de la Pobreza, las Naciones Unidas convocó una reunión para celebrar el Día Internacional de la Campesina y para proyectar una luz sobre esta olvidada esquina de la sociedad.
Las académicas Susan Turner, Colleen Purdon, Evelyn Encalada y Belinda Leach, esta última catedrática y directora de Mujeres Rurales Logrando Cambio, presentaron historias de las mujeres del campo canadiense ante miembros de Naciones Unidas, ONGs y los medios de comunicación en la sede central de las Naciones Unidas en Nueva York.
Según Evelyn Encalada, “el auditorio en Naciones Unidas se debió sorprender al escuchar las condiciones en que viven en Canadá los campesinos trabajadores temporales provenientes de México y el Caribe”.
Belinda Leach expresó que “esperarían posiblemente escuchar grandes cosas sobre las mujeres del campo aquí en el primer mundo”. Pero la verdad es que la pobreza en el campo, la falta de oportunidades y la inequidad de género, son grandes problemas en las zonas rurales de Canadá tanto como en las naciones en desarollo alrededor del mundo”.
En un país tan vasto como Canadá, donde el 80 por ciento de la población se concentra en las ciudades, las mujeres del campo son un grupo diverso que trabajan principalmente en las industrias agrícolas, de manufactura y de servicios.
La falta de acceso a puestos de trabajo y a entrenamiento y la falta de transporte así como la escasez de recursos comunitarios, colocan a las mujeres en una posición de desventaja, de acuerdo a lo dicho por las académicas
El gobierno canadiense tiene programas para promover el flujo de trabajadores agrícolas temporales, los cuales ocupan a más de 20.000 al año.
“El gobierno y los patrones que emplean a estos trabajadores se aprovechan de la vulnerabilidad y necesidad económica de estas personas y les ofrecen justo lo necesario para vivir”, dijo la aspirante a un doctorado en sociología en la Universidad de Toronto. Una realidad que, según Encalada, es desconocida por la sociedad canadiense.
“Los campesinos tienen permiso para trabajar con un patrón solamente… Si ellos no están de acuerdo con algo, deben devolverse a su país”. Esta es la clave para controlar la mano de obra, explica la cofundadora de Justicia Para Trabajadores Inmigrantes.
Nacida en Chile pero criada en Canadá, Encalada dice que durante los ocho años que ha luchado por los derechos de estos trabajadores, el gobierno canadiense no ha hecho ningún esfuerzo para mejorar su situación.
“Estas mujeres no existen para el gobierno”, dice Encalada refiriéndose a las casi 500 mujeres que lo abandonan todo en su país natal para cosechar los campos de Ontario la mayor parte del año.
Encalada señala que siendo un país de inmigrantes, llama la atención que Canadá, al igual que Estados Unidos, es uno de los poco países que no ha firmado la convención de las Naciones Unidas de los Derechos de los Trabajadores Extranjeros.
“No merecemos esa imagen de ser un país respetuoso de los derechos humanos”, dijo la activista social.
Estos hombres y mujeres hacen parte de “familias transnacionales” que deben sacrificar algún aspecto de su vida cotidiana para venir a trabajar a Canadá.
Encalada explica que mientras los hombres trabajan en Ontario, en México, las mujeres quedan a cargo de los niños, la cosecha o el negocio, cualquier sea su fuente de ingreso.
Es por esto que no solo debemos reconocer y exigir mejor trato para los trabajadores sino que debemos agradecer a sus familias por permitir que estos aporten a la economía canadiense.
Con la oportunidad de presentarse ante el foro de las Naciones Unidas, Mujeres Rurales Logrando Cambio busca exponer la realidad de estos trabajadores y sus familias e incitar a los gobiernos de Canadá y México a que revisen los términos de estos programas binacionales.
“Queremos que los trabajadores tengan movilidad, que sean tratados y vistos como ciudadanos que aportan al país”, dice Encalada. Esto aportaría a que los trabajadores tengan más poder sobre sí mismos y tengan la opción de buscar patrones que ellos crean ofrecen mejores condiciones de trabajo.
“Esto también forzaría a que los patrones aseguren mejores condiciones de vivienda y de trabajo para los trabajadores”, dice con tono de esperanza Evelyn Encalada.
marellano@elcorreo.ca

